Conocedores de la realidad

Assumpta Sendra Mestre
Profesora del Área de Humanidades

 

Uno de los muchos objetivos de aprendizaje de nuestros estudiantes, además de obtener unas competencias y aprender nuevas metodologías, es ser «una persona de cultura», tal como decía el pedagogo Joan Triadú, para adquirir conocimientos generales sobre cualquier aspecto del saber humano. Hay que estar formado e informado para tener un comportamiento adulto y para poder dar una respuesta ética ante los acontecimientos. Deseamos y queremos personas y maestros con criterio, capaces de reflexionar para poder argumentar su propio pensamiento. Es importante que los alumnos, tanto de Grado Infantil como de Grado Primaria, en su itinerario de formación como maestros tengan unas asignaturas que forman parte del Área de Humanidades.

 

¿Qué pretendemos?

Como indica el Plan Docente en la asignatura de primer curso Persona, Cultura, Religión y Valores, estos son conceptos de gran magnitud y complejidad que acompañan a los alumnos en el proceso del propio conocimiento y aprendizaje como personas y como futuros maestros. Pretendemos hacer una aproximación antropológica para profundizar sobre el ser humano y las correspondientes dimensiones humanas. Desde esta mirada, los alumnos pueden hacerse preguntas que ayudan a la construcción del sentido de la vida. Además, tratamos aspectos que pertenecen tanto a la cultura como a la religión, ya que la escuela y el aula son espacios de cultura. Todo eso con un fundamento básico y esencial de los valores que son tan relevantes y necesarios, tanto en la educación en general como en la educación escolar en concreto.

Para tratar estos conceptos sobre: la persona, la cultura, la religión y los valores, es necesario observar y analizar la sociedad que nos toca vivir y que algunos alumnos consideran, sorprendentemente, individualista, hipócrita y egoísta. Esta descripción hecha por los mismos alumnos de 18 años hace cuestionar: ¿Cómo es que tienen esa percepción? ¿Qué les ha influenciado? Pero, por otra parte, hay alumnos que comparten otros valores como la solidaridad, la fraternidad y la bondad.

 

Diversas exclusiones

Si observamos ámpliamente  nuestro entorno, vemos una realidad que no puede dejar indiferente. Vivimos en una sociedad marcada por diferentes tipos de discriminación que generan diferentes formas de exclusión social: la discriminación de género, la violencia machista o el acoso, el racismo, la xenofobia, los prejuicios religiosos, la homofobia o la aporofobia, concepto que ha creado la filósofa Adela Cortina, que proviene del léxico griego pobre áporos con el sufijo –fobia, para explicitar el rechazo que hay hacia los pobres.

Sabemos que uno de los factores clave que causa la desigualdad de cualquier tipo es la economía. Eso pide urgentemente revisar la situación actual para conseguir una distribución más justa e igualitaria. Somos conscientes que la igualdad de oportunidades es un derecho reconocido tanto en la Declaración Universal de los Derechos Humanos como en la Constitución Española. ¿Pero cuántas personas no tienen los mismos derechos ni oportunidades en la vida? Garantizar estos derechos permitiría asegurar una vida digna para todos. El primer y el segundo artículo de la Declaración Universal de los Derechos humanos son los fundamentos, ya que representan los principios sobre los que se basan los derechos de la dignidad, la igualdad, la libertad, la fraternidad y la no discriminación.

Esta realidad requiere en el aula hacer una parada para contextualizar la Declaración Universal de los Derechos Humanos, para tomar consciencia de los treinta artículos en su contexto histórico del año 1948 y del momento actual en que este año celebraremos, el 10 de diciembre, los setenta años de su proclamación. Afortunadamente, ante los diferentes escenarios conmovedores presentes en la sociedad hay la respuesta de muchas entidades y personas a título individual implicadas en proyectos para favorecer los más vulnerables.

 

Diferentes tipos de respuesta social

Podríamos hacer una largo listado de colectivos solidarios que dan respuesta a esta realidad de vulnerabilidad. En este caso, resalto la asignatura de segundo curso Cristianismo y Cultura que invita a tomar consciencia del legado religioso heredado del Cristianismo que ha dado forma a la cultura occidental. Presentamos los elementos esenciales de las diversas religiones y, especialmente, de la tradición judeocristiana. Se trata de adquirir conocimientos sobre la evolución del pensamiento, las costumbres y las creencias para aplicarlos justamente a las aulas en su contexto intercultural e interreligioso.

Conocer los elementos fundamentales de las grandes tradiciones religiosas de la historia de la humanidad permite descubrir los valores y principios que dan sentido a la creencia. Uno de estos valores relevantes es precisamente la solidaridad. Son muchas las entidades tanto civiles como eclesiásticas que son solidarias en sus proyectos. En concreto, uno de los temas a desarrollar en la elaboración del trabajo cooperativo de los alumnos es Valores, sociedad y dimensión caritativa de los cristianos para conocer diferentes entidades cristianas. Por ejemplo, Cáritas que da acogida, acompaña y orienta tantas persones y familias sin hogar que piden ayuda. O Justícia i Pau que denuncia y presiona las autoridades públicas ante casos de violaciones graves de los derechos humanos. Estas entidades y tantas otras, y personas individuales son una muestra solidaria y fraternal.

Esta frase: «Los pobres son los descartados de nuestra sociedad» expresada por el Papa Francisco es un toque de alerta ante la exclusión. Cuando concluyó el Año de la Misericordia, el Papa instituyó la Jornada Mundial de los Pobres para dar voz a esta realidad desgarradora. Este año será la II Jornada que se celebrará el domingo 18 de noviembre para dar una respuesta desde la Iglesia, las entidades, las comunidades, las personas… dispuestas a estar al servicio de los pobres y contribuir con diversas acciones. Un ejemplo de respuesta activa y constante es el llamado Hospital de Campanya de la parroquia Santa Ana, en el centro de Barcelona, para acoger personas sin techo necesitadas de los mínimos para sobrevivir. Una de las impulsoras de este proyecto es la hermana Viqui Molins que juntamente con el padre Ángel han publicado el libro Déu al carrer, que es el resultado de cartas cruzadas entre ellos dos, donde comparten diferentes experiencias personales y resaltan la necesidad de la gente que vive en la calle en total pobreza que pide ser escuchada y sentirse reconocida. En el prólogo del libro, Peio Sánchez expresa que Ángel y Viqui son «una parábola viviente del Evangelio de los sencillos».

Estas evidencias hacen despertar y abrir los ojos ante la realidad que no podemos ignorar. Si ofrecemos una educación holística a nuestros alumnos para que sean personas reflexivas, responsables, autónomas… con respuestas éticas, y pretendemos una educación inclusiva para integrar y atender diferentes diversidades, es necesario contemplar todos los escenarios para sensibilizar y tomar conciencia del latido real de la sociedad en que vivimos.