El interés superior de la infancia

Mireia Civís Zaragoza

Area de Educación y Sociedad

Si compartimos la idea de que en el corazón de la escuela, de la relación educativa, está el niño, entonces estaremos de acuerdo en que una de las prioridades en educación es velar por su bienestar y por su desarrollo armónico.

Parece una obviedad, pero a veces uno tiene la sensación de que detrás de los cambios legislativos, las innovaciones metodológicas o las normativas académicas no hay exactamente el interés superior del niño, sino otros propósitos, y este interés es secundario o colateral. No siempre, pero sí a veces.

En todo caso, en educación, de vez en cuando, es bueno recordar que nuestra misión tiene que ver con el niño y su desarrollo y que, por tanto, tenemos el deber de velar por él, y desarrollar actuaciones socioeducativas específicas que devengan garantes de este.

En el marco de este discurso toma todo su sentido la Convención sobre los Derechos de la Infancia, que en noviembre celebrará el vigésimo quinto aniversario de su aprobación. A través de su articulado se recogen los derechos económicos, sociales, culturales, civiles y políticos de la infancia. Y si bien su aplicación es obligación de los gobiernos, también implica y responsabiliza a otros agentes, como los padres, los maestros, los profesionales de la salud, los investigadores, etc.  No puede ser de otro modo.

Así, como maestros, este debe ser un tema que nos preocupe y nos ocupe, a partes iguales con las didácticas, los desarrollos curriculares o la gestión de los centros educativos. O, visto desde otra óptica, deberíamos garantizar que todas estas cuestiones estén verdaderamente al servicio del bienestar y el desarrollo del niño.

Por otra parte, la infancia, per se, es un segmento de población vulnerable y frágil que, en situaciones específicas de riesgo, es uno de los más afectados. Como maestros, tenemos el deber de velar de manera activa, sobre todo, en contextos vulnerables o desfavorecidos.

Algunas de las ideas que transmitió el Dr. Jordi Riera en el marco de la conferencia Infancia y adolescencia: derechos, protección y vulnerabilidad, celebrada en Blanquerna el pasado 24 de febrero de 2014, iban claramente en esta dirección, al afirmar que los maestros somos referentes profesionales de prevención, diagnóstico, protección y resiliencia. Y, además, nos recordaba que «somos gerundios», con todo lo que conlleva.

Así, pues, hay situaciones en las que determinadas necesidades no cubiertas implicarán cambios en las programaciones de aula o de centro; o determinados contextos socioeducativos implicarán ritmos de aprendizaje diversos. De eso trata la atención a la diversidad y nuestro trabajo. Y debemos hacerlo bien en interés superior del menor.