El laboratorio de ciencias: aprovechamos todo su potencial

Noëlle Fabre

Área de Didáctica de las Ciencias Experimentales y las Ciencias Sociales

A pesar de que a todos nos puede impresionar un laboratorio escolar moderno y bien organizado no debemos olvidar que desarrollar las clases en el laboratorio no implica necesariamente que la enseñanza de las ciencias sea de mayor calidad. Lo que realmente hace efectivo este tipo de espacios es cuando se utilizan para realizar actividades donde figuran la investigación, el pensamiento crítico y el desarrollo de aptitudes procedimentales y sociales (Hofstein, Lunetta, 2004).

Para dar este paso hacia la utilización óptima de los laboratorios escolares, se tiene que proporcionar, ante todo, una sólida formación a los docentes. Se ha visto que, en la preparación de los futuros maestros, aquellos que han llevado a cabo actividades de investigación son más eficaces en su práctica profesional a la hora de reproducir y realizar actividades similares con sus alumnos (Kennedy, 1998). Evidentemente, también es muy importante que en los estudios se inculquen la importancia que tiene la formación permanente y la incorporación del uso de tecnologías. Solo a través de la constante puesta al día y del intercambio de experiencias entre instituciones y profesionales se pueden superar algunos retos que plantea el laboratorio. Algunos de estos grandes retos se refieren a los criterios para evaluar las tareas experimentales, a cómo adaptar una tarea práctica a la diversidad de formas de aprender de los alumnos o bien a cómo transformar los tradicionales protocolos de laboratorio en guías de descubrimiento (Hofstein, Lunetta, 2004; DeRosa, Abruscato, 2014).

Una vez tenemos los profesores bien formados, otra pieza clave es pensar en cómo debería ser un buen laboratorio de ciencias. En infantil, de hecho, podemos transformar cualquier aula en un “espacio de ciencia”. Lo que realmente hará posible esta transición serán la actitud del docente, los materiales utilizados y el tipo de actividad que se llevará a cabo. Se recomienda que el espacio esté organizado en mesas donde los niños puedan trabajar en grupo, los materiales sean accesibles y estén bien ordenados en cajones etiquetados con pictogramas y se disponga de un punto de agua. Se puede decorar el espacio con imágenes atractivas y también con los trabajos realizados por los alumnos (Timoneda, 2012). Tanto en infantil como en primaria, el aula de ciencia es un espacio donde los alumnos pueden construir su propio aprendizaje a partir del hecho de pensar, experimentar y comunicar, y donde las tecnologías juegan cada vez un papel más importante (Carbó, Pigrau, Tarín, 2008). Aunque el material por sí solo no es el factor que determina el éxito de las actividades (ya que este depende del enfoque didáctico), ayuda a enriquecer la vivencia de los niños. Algunos materiales destacables que se están popularizando serían: microscopios portátiles (muy útiles para llevar a las salidas), sensores variados (temperatura, luz, sonido…), pequeñas cámaras para registrar procesos (como el crecimiento de las plantas o pequeños insectos) y nuevos materiales conductores de electricidad (como, por ejemplo, pinturas y rotuladores). La distribución del mobiliario también es una pieza esencial y existen numerosas propuestas para convertir el aula de ciencias en un espacio participativo que se adapte a las necesidades de los alumnos y del tipo de actividad (NEELB, 2006).

Hasta aquí hemos desarrollado el concepto de laboratorio de ciencias físico, pero no quisiera terminar sin mencionar el potencial que ofrecen las simulaciones virtuales como complemento de la experiencia real. Estas son muy adecuadas para realizar experimentos que serían demasiado peligrosos o que requieren material inasequible. Hay experiencias que indican que los laboratorios virtuales son preferidos por los alumnos respecto a la clase tradicional (Sun et al., 2008). Un ejemplo, entre muchos otros, podría ser la plataforma del proyecto Go-Lab que ofrece muchos recursos a los docentes.

Fuentes de documentación:

Carbó, V., Pigrau, T.,y Tarín, R. (2008). “Pensar, experimentar i comunicar a l’aula de ciències amb suport TIC a l’educació infantil i primària”. En: El desarrollo del pensamiento científico-técnico en educación primaria. Madrid.

DeRosa, D. A., y Abruscato, J. A. (2014). Teaching children science: adiscovery approach. Pearson Higher Ed.

Go-Lab (s.d). Recuperado de http://www.go-lab-project.eu/

Hofstein, A., y Lunetta, V. N. (2004). “The laboratory in science education: Foundations for the twenty‐first century”. Science education, 88(1), 28-54.

Kennedy, M. M. (1998). The relevance of content in in-service teacher education. Paper Presented at the Annual Meeting AERA, San Diego, CA.

Sun, K. T., Lin, Y. C., & Yu, C. J. (2008). A study on learning effect among different learning styles in a Web-based lab of science for elementary school students. Computers & Education, 50(4), 1411-1422.

The North Eastern Education and Library Board NEELB. (2006). Laboratory 21 School Science Laboratories Design for the 21st century. Concepts and Proposals.

Timoneda, S. V. (2012). Ciencia 0-6: laboratorios de ciencias en la escuela infantil (vol. 32). Graó.