Explicar el terrorismo a los niños

Estos días ha pasado por Barcelona el pedagogo francés Philippe Meirieu para presentar su último libro, traducido por Rosa Sensat, titulado “Educar después de los atentados” (https://www.elperiodico.com/es/educacion/20180617/entrevista-philippe -meirieu-a-los-jovenes-radicalizados-la-escuela-Debe-ofrecerles-esperanza-6879581)

Este texto de Meirieu se podría poner en serie con el escrito por el escritor francés de origen egipcio Tajar Ben Jelloun titulado: “Explicar el terrorismo a los niños”.

Ben Jelloun propone, como Meirieu, el reto de hablar con los niños sobre qué es el terrorismo. Es un libro en forma de diálogo entre el autor y su hija. Hay muchas cosas delicadas en este asunto que me parece esencial tratar hoy. Los niños y niñas preguntan: ¿por qué? Eterna pregunta filosófica susceptible de hacer temblar los adultos cuando hay que encontrar una respuesta. Tanto Meirieu como Jelloun tienen claro que no se puede evitar hacer frente a las preguntas difíciles. Podemos explicar qué es una lucha armada, pero la cosa se complica cuando se trata de la historia de un vecino del rellano (por decirlo fácil) que no forma parte de ningún grupo armado pero se ha “radicalizado”: va y coge un cuchillo, y sale a la calle, y ataca una persona que pasaba por allí. Este momento de salir a la calle y provocar el irreversible, como se explica? No parece una lucha armada por una causa intentando salvar la propia vida. En este punto, necesitamos explicar a los niños que el fanatismo existe, que hay fanáticos y que llevan con ellos la muerte y la destrucción. El fanatismo es la principal amenaza a lo que llamamos una vida civilizada con los demás. El fanático cree cosas, pero sus creencias excluyen los que no creen igual. No puede aceptar que haya otras diferentes, personas concretas con preguntas, con dudas, con inquietudes. El terrorista es solidario con la muerte. Extraña solidaridad! Sin embargo, se hace imprescindible hablar con los pequeños sobre la condición irreversible de la muerte, aunque sea difícil en un mundo que ve la muerte cada día en la pantalla sin, al mismo tiempo, querer saber nada. No hace falta ver para entender. Los niños pueden entender perfectamente, por lo que les contamos, que el fanatismo es más que una simple terquedad. En vez de exponerlos a las imágenes podemos hacer un esfuerzo de traducción.No debemos dejar que la angustia que produce este fenómeno hoy nos impida explicarlo a los niños. Este es el objetivo terrorista: que el terror nos deje helados, impávidos, sin palabras, bloqueados. Que no hablemos. Al contrario, necesitamos plantear con convicción que el fanatismo lleva la muerte. En cambio, la capacidad de pensar por uno mismo de manera crítica permite vivir un diálogo sostenido con los demás. El acto terrorista anul.la el debate y el nombre de pila porque para matar gente no hay que saber cómo se llaman.

La hija de Ben Jelloun acaba preguntando: “¿Qué puedo hacer yo, una chica de cultura musulmana laica, francesa y marroquí, para luchar a mi nivel contra las raíces del terrorismo?” La respuesta de Ben Jelloun dice así: “perseverar en el camino del saber y de la duda “. No es tan difícil de enseñar esta idea a los más pequeños. El problema es si los adultos sabemos qué quiere decir, si la conocemos, si la hemos vivido verdaderamente desde nuestro nombre de pila, habiendo tomado conciencia de la fragilidad que atraviesa nuestra propia historia. Los grandes educadores, como Meirieu y Jalloun, son un buen ejemplo de esta fragilidad consciente de que no nos debe dar miedo.

Dr. Anna Pagès

Àrea de Pedagogia