LA EDUCACIÓN POR Y PARA LA PAZ EN LA ESCUELA

Dra. Montserrat Alguacil (Área Educación y Sociedad)

La escuela actual se encuentra en un punto de inflexión en el que la necesidad de cambio e innovación viene marcada, más que nunca, por una sociedad en permanente evolución que le reprocha las debilidades y le exige que responda de manera efectiva a los retos del siglo xxi. Es, pues, un buen momento para intervenir, desde una óptica de paz positiva (en adelante, paz+), en el debate educativo y en la esfera política, ya que sería lamentable que el nuevo modelo de escuela se construyera con un sesgo imperdonable: el incumplimiento del derecho a una educación de calidad, promotora de la justicia social y la igualdad de oportunidades, sin excepciones, ya que las innovaciones que no estén al alcance de todos no pueden calificarse de transformadoras, sino de segregadoras.

El concepto de paz+interpreta la paz en clave de justicia social. No basta con eliminar la violencia de nuestras vidas y sociedades, sino que hay que luchar y comprometerse para que los derechos de todas las personas se cumplan. La construcción de la paz+ interpela e invita a todos a la acción, una acción entretejida en la cotidianidad de un mundo que es local y global.

Pero, ¿cuál es el lugar de la educación para la paz+ en la escuela actual? ¿Puede la escuela conformarse con acciones puntuales y simbólicas de sensibilización o de solidaridad? ¿Ha de existir una materia para estudiar la paz, o sería mejor educar «en» paz en todas partes y en todo momento?

A fin de responder a estas preguntas y a muchas otras cuestiones, dirigimos la mirada a los actores sociales, ya que, en definitiva, los cambios que actualmente ocurren en la escuela vienen dados por la necesidad de formar personas capaces de responder a los retos de un mundo en constante transformación, donde la cohesión social, el bienestar y la justicia siguen siendo desafíos de gran alcance. Dado que consideramos que la educación es responsabilidad de toda la tribu, de toda la sociedad, de todo el país, no nos pareció lícito conformarnos con un debate pedagógico que interpelase a expertos en educación: había que dar la palabra a personas que representen diversos sectores y campos profesionales. Así pues, en la publicación Boqué, M. C. (coord); Albertí, M.; Alguacil, M.; García, L.; Pañellas, M.; Payà, M.; Ribalta, D. (2018). 15 converses. Societat i escola en pau +. Barcelona: Octaedro recogemos la voz y el testimonio de quince personas seleccionadas porque encarnan diferentes parcelas de la sociedad: porque son justamente los ciudadanos que componen la sociedad, en este caso la sociedad catalana, quienes, con su trabajo diario y con su compromiso por un mundo más justo y equitativo, contribuyen a pensar y a construir un mundo en paz+ con incidencia en la esfera educativa y más concretamente en el ámbito escolar.

Arcadi Oliveres, David Fernàndez, Joan Dausà, el padre Manel, Francesc Torralba, Leticia Armendáriz, Pepa Plana, Jordi Capdevila, Susanna Barranco, Pilar Gargallo, Gemma Parellada, Jordi Sànchez, Montserrat Vendrell, Jordi Palou y Josep Mayoral desarrollan la tesis de que la paz+ es una aspiración del todo legítima que invita a la acción y a la revisión de las desigualdades que están instauradas, desde hace demasiado tiempo, en los sistemas sociales, de los que la escuela también es parte.

Todas y cada una de las personas entrevistadas han hecho aportaciones originales, basadas en su saber y su experiencia, llenas de sentido y de valor. Estas voces constituyen un mosaico que encabeza el testimonio de una lista inmensa de hombres y mujeres que tienen mucho que decir sobre la construcción de la paz en el siglo xxi. Esperamos que sus aportaciones inspiren reflexiones y acciones que nos ayuden a avanzar imparablemente hacia el mejor de los mundos posibles.

En general, del análisis de las entrevistas realizadas se desprende que la cultura de paz debe impregnar el día a día del centro y debe vertebrar su funcionamiento.

En cuanto a las personas, la educación para la paz requiere un trabajo que ponga la mirada en el alumnado, en el autoconocimiento y en la mejora de las relaciones con los demás para que la convivencia sea más armónica, segura u duradera y permita el crecimiento personal desde el respeto a las diferencias. Esto requiere un profesorado formado para saber gestionar los conflictos interpersonales o grupales de manera positiva y constructiva.

Las metodologías deben promover lo que hoy día se denominan soft skills, que reinterpretan el aprendizaje haciendo hincapié en las competencias personales y sociales, en conocimientos, habilidades y cualidades de orden transversal que se pueden transferir a cualquier entorno y que hacen que la persona se integre de manera eficiente en múltiples contextos. También hay que tener en cuenta el tipo de evaluación, que deberá estar de acuerdo con las metodologías utilizadas.

Las direcciones de los centros educativos deben apoyar a todo el personal del centro, al alumnado y a las familias para poder caminar hacia la educación para la paz, que solo será posible con un trabajo a largo plazo que acompañe y asesore en el elaboración e implementación de programas de convivencia y eduque en valores de paz, de derechos humanos y de lucha por la no violencia.

Se deben promover cambios estructurales en la organización de los centros, referidos a como se dirige y se organiza la entidad, como se organizan los espacios y los tiempos, como se gestiona el poder y qué sistema de códigos y normas establecen el funcionamiento del centro. Por otra parte, desde la cultura de paz+ también se debe reflexionar sobre valores que están profundamente arraigados, como el capitalismo, el patriarcado o el individualismo, y cambiar la cultura de centro desde modelos de justicia retributivos hacia modelos restaurativos.

 

Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Los hay que luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida. Estos son los imprescindibles.

Bertolt Brecht (1898-1956), dramaturgo y poeta alemán