LA EVALUACIÓN DEL CENTRO COMO INSTRUMENTO DE MEJORA DE LA CALIDAD EDUCATIVA

   Lo más importante no es hacer muchas evaluaciones, ni siquiera hacerlas bien. Lo más importante es saber al servicio de qué personas y de qué valores se ponen.
Santos Guerra (2003, p. 51)

 


Actualmente, nadie pone en duda que la evaluación de los centros es necesaria y que no puede haber un buen proyecto de calidad si no hay un proyecto de evaluación. Evaluar es importante para conocer qué está pasando, poderlo regular y poder orientar con el objetivo de mejorar su calidad. El hecho mismo de evaluar, por ejemplo, ya genera procesos dialógicos entre los diferentes agentes o personas implicadas, promueve que haya que compartir significados y que se puedan debatir los resultados (Borrell y Chavarria, 1998).


Ahora bien, la evaluación debe plantearse siempre con voluntad formativa y para la mejora. Casanova (2004) dice que para que la evaluación se convierta agente de mejora es necesario que ésta cumpla ciertos condicionantes: que la escuela reciba y sepa qué se evalúa, que no se haga una evaluación final, sino de proceso, que hay que evaluar también los aspectos positivos (no centrarnos sólo en lo que no funciona) y que sea una evaluación que tenga en cuenta el contexto. La escuela de hoy es la que debe preparar para la sociedad del conocimiento, de las nuevas tecnologías, de la globalización y se le pide que prepare a los alumnos para la vida, atendiendo a la diversidad y velando por la convivencia.

 


Muchos autores defienden una evaluación que vaya más allá de los resultados de los estudiantes y piden modelos que tengan en cuenta procesos. En este sentido, disponemos de los estudios realizados por Marchesi y Martín (1998) sobre las implicaciones de la evaluación y la calidad en educación. Se apunta que la evaluación de un centro recogerá: el contexto, el nivel inicial de los alumnos (respecto a sus estrategias de aprendizaje), los procesos de centro (organización y funcionamiento), los procesos de aula (la tarea de cada maestro, la atención a la diversidad, los criterios de evaluación, las expectativas hacia los estudiantes) y los resultados (opinión de familias, profesores y alumnos).

 

Quisiéramos tomar como referencia el paradigma de la escuela que aprende (Santos Guerra, 1990, 2001, 2003) y, por tanto, entender la evaluación como aprendizaje: “Si hablamos de evaluación educativa debería ser no sólo porque estamos evaluando fenómenos educativos sino porque educa cuando se hace, tanto a los evaluadores como a los evaluados “(2003, p. 13). Nos gusta hablar de una evaluación no enfocada a la acreditación, la responsabilización o la demanda de cuentas, tampoco la que se centra exclusivamente en el diagnóstico; nos gusta pensar en la evaluación pensado para la mejora y como herramienta de reflexión educativa. Tomamos una citación de Stufflebeam y Shinkfield para ilustrar nuestro posicionamiento sobre el sentido de la evaluación: “El propósito más importante de la evaluación no es demostrar, sino perfeccionar” (Casanova, 2004, p. 15).

 


La evaluación del centro debería servir para posibilitar la formación de profesionales reflexivos, para contribuir también a la formación de los equipos que tienen cuidado de los niños, de manera que tengan elementos para no sólo resolver y detectar situaciones sino, sobre todo, para reflexionar (Schön, 1992). La reflexión educativa en el seno de los equipas es básica si queremos hablar de formación de calidad (Lieberman y Miller (eds.), 2003), básica para tener buenos equipos y básica para consolidar buenas escuelas, educativamente hablando.

https://www.youtube.com/watch?v=LcNWYNp2MSw&t=586s


Dra. Àngels Geis
Profesora del área de Pedagogía de la FPCEE Blanquerna

 

Referencias

Borrell Closa, E. i Chavarria Navarro, X. (1998). L’avaluació interna del centre. Barcelona: Associació de Mestres Rosa Sensat.

Casanova, M. A. (2004). Evaluación y calidad de centros educativos. Madrid: La Muralla.

Lieberman, A. i Miller, L. (eds.) (2003). La indagación como base de la formación del profesorado y la mejora de la educación. Barcelona: Octaedro.

Marchesi, Á. i Martín, E. (1998). Calidad de la enseñanza en tiempos de cambio. Madrid: Alianza.

Santos Guerra, M. A. (1990). Hacer visible lo cotidiano. Madrid: Akal.

Santos Guerra, M. Á. (2001). La escuela que aprende (2a ed.). Madrid: Morata.

Santos Guerra, M. A. (2003). Una flecha en la diana. Madrid: Narcea.

Schön, D. A. (1992). La formación de profesionales reflexivos. Hacia un nuevo diseño de la enseñanza y el aprendizaje en las profesiones. Barcelona: Paidós.