La historia, una ciencia en continuo crecimiento

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Interpretación didáctica de nuestro pasado histórico y, concretamente, los hechos de 1714; cuyo tricentenario conmemoramos este año.

Toni Soler, comisario del Tricentenario de los hechos de 1714 del Ayuntamiento de Barcelona, participó en los Diálogos, y aportó estas reflexiones tan interesantes al respecto. Presentamos unos apuntes de su conversación que harán que nos replanteemos nuestras prácticas educativas.

En los pasados ​15o Diálogos Universitarios Blanquerna,celebrados el 29 de abril, tratamos laDebemos empezar pensando cómo explicamos los hechos históricos. En cualquierconflicto histórico tenemos diferentes versiones, desde el punto de vista de los vencedores (que mayoritariamente han escrito la historia) y el de los vencidos.

En la historia todo es relativo. Así, tanto los historiadores profesionales, como cualquier persona que se dedique a la divulgación y educación, cuando se enfrentan a la historia, y en general a las ciencias sociales, se encuentran con la dificultad evidente de explicar certezas a la gente con la que se comunica, ya sean alumnos o la población en general. Y esta incertidumbre, en el momento de hablar de historia, es una cuestión que debemos asumir. Es un punto de debate interesante.

En el momento de conmemorar unos hechos históricos, como son los de 1714, yo me encuentro con dos ideas contradictorias, y ambas son muy válidas para mí, y son totalmente contradictorias.

La primera idea-base es que la historia tiene la obligación de explicar el pasado, pero no solo de contarlo, sino también de hacerlo dialogar con el presente. Si no estamos hablando de vitrinas, objetos empolvados, manuscritos, pergaminos y poco más.

El objetivo de la historia es hacer dialogar el pasado con el presente, y es conseguir que cuando hablemos de gente que vivió hace trescientos años intentemos imaginar que eran los bisabuelos de los bisabuelos de nuestros abuelos, y situar estos hechos históricos en el hilo de la historia. Una continuidad; ya que estamos hablando de gente como nosotros, no de superhéroes, sino de barceloneses como nosotros; y buscar, en la medida de lo posible, todo lo que nos conecte con ellos, con su manera de ser, de pensar, con sus deseos, con sus anhelos, con sus miedos, etc.

Y a la vez, hay otra idea igualmente relevante, que es la obligación que tiene la historia de evitar, por todos los medios, que el presente contamine la explicación del pasado.

Y eso se contradice totalmente con lo que he dicho anteriormente. Pero las dos cosas son ciertas. Debemos evitar el riesgo de incurrir en lo que los historiadores llaman “presentismo”; es decir, una excesiva obsesión por contar los hechos del pasado con una terminología, unos conceptos y una manera de entender la vida que pertenecen a nuestro presente, lo que significa no respetar las mentalidades, los usos y las cosmovisiones de la gente de hace unos siglos.

Entonces, conjugar las dos cosas (el diálogo entre pasado y presente, y evitar que el presente contamine la explicación del pasado) es muy difícil, pero yo creo que es el objetivo que nos debemos marcar. Os lo deberá marcar el hecho de ser educadores, pedagogos, y nos lo tendremos que marcar toda la gente que queremos ayudar a contar el pasado.

Tenemos que hacerlo sabiendo que la explicación de la historia no es que no sea objetiva, es que no puede serlo, no puede ser objetiva. Hay un historiador que se llama Edward Hallett Carr que decía: «Antes de estudiar una historia, estudia al historiador que la ha escrito.» La biografía de los historiadores explica muy a menudo lo que hay después en sus páginas, y es lógico que así sea. La historia ha sido protagonizada por hombres, y luego la estudian otros hombres o mujeres. Por lo tanto, no debe ser objetiva. Los que son objetivos son los datos. La interpretación de los datos es lo que le da valor a la historia, y eso no puede ser objetivo.

Y aún más, forzosamente la historia es, por definición, provisional. Cuando alguien le diga «la historia definitiva sobre la Guerra Civil española…» está mintiendo, directamente. La historia siempre es provisional. Primero porque siempre aparecen nuevos historiadores, nuevos datos y nuevas interpretaciones. Y segundo porque la explicación del pasado siempre, siempre, siempre se verá condicionada por nuestra mirada; nuestra mirada hacia el pasado y nuestra mirada hacia el futuro.

Eso lo explica muy bien Edgar Morin, que parte de la base de que la realidad es compleja y no se puede resumir en una simple explicación de causas y efectos. Las causas conllevan efectos, y los efectos terminan modificando las causas. El pasado se explica desde el presente, pero el presente modifica la interpretación que hacemos del pasado. Y las aspiraciones que tenemos para el futuro, las expectativas que tenemos para el futuro, modifican nuestra visión del presente y modifican también cómo vemos el pasado.

Cuando hablamos de la Mancomunidad de Prat de la Riba, de la que hace cien años, o cuando hablamos de la Renaixença… es evidente que después de la Vía Catalana del año pasado nuestra visión de lo que ha sido el catalanismo también cambia mucho.

La cuestión es que en Cataluña tenemos un déficit de explicación de historia de Cataluña. A mí, que soy una persona «relativamente joven», no me hablaron de Jaume I hasta que fui a la facultad, por ejemplo; y eso, evidentemente [refiriéndose a los hechos de 1714], ni pensarlo. Lo sabía porque fui a la Diada de 1977, con mis padres, pero no porque me hubieran explicado algo en la escuela. Hay unas cuantas generaciones de catalanes a los que se les ha negado la explicación de su historia. Por lo tanto, si tuviéramos que decantar la balanza, deberíamos decantarla hacia este lado ni que sea para compensar las décadas de opacidad que ha habido sobre la historia de

Cataluña.

Transcripción:

Jesús Canelo

Área de Didáctica de las Ciencias Sociales y Ciencias Experimentales