La música como lenguaje artístico

Antoni Miralpeix

Área de Educación Musical de la FPCEE Blanquerna-URL

“La música es un lenguaje, un sistema de signos, con una entidad matriz (y motriz) que la define y que la diferencia del resto de los lenguajes: el sonido” (Radigales, 2000: 39).

El sonido es el material de la música. Radigales (2000) explica el proceso según el cual el sonido se convierte en música. El sonido no es vibración, sino la percepción de esta vibración. Además de la altura (frecuencia de onda) y del timbre (fuente sonora), hay que contar con la duración (tiempo) como indispensable para definir el sonido y sus derivados formales (música) o informales (ruido).

El sonido se convierte en música usando una sintaxis (la armonía y el contrapunto) y una morfología (las formas) que lo convierten en lenguaje. Como arte, “la música es una actividad exclusivamente humana. Es un arte que, a diferencia de las artes plásticas y visuales, se mueve en una dimensión únicamente temporal y que es una manifestación expresiva que no expresa” (Radigales, 2002: 31). Un cuadro, un edificio, una escultura se pueden ver y tocar, tienen unas formas objetivas y unos colores determinados. La música, en cambio, es subjetiva, cada persona la percibe de manera diferente, generalmente no expresa ideas concretas.

“Ya que la música es el único lenguaje que posee los atributos contradictorios de ser a la vez inteligible e intraducible, el creador musical es un ser comparable a las deidades, y la música es el misterio supremo de la ciencia humana” (Claude Lévi-Strauss, citado en Storr, 2002: 13).

La música es un arte que tiene muchas dimensiones. Se basa en una tekné, manifestada a través de la sensibilidad, que tiene como objetivo deleitar, emocionar o producir un choque. Tiene una incuestionable función social. Es fruto y es mediadora de una experiencia estética, tiene una dimensión abstracta, si se quiere decir, simbólica; la música no imita ni describe, no es mimética, sino que refleja estados de ánimo. La música es poética y por eso no directamente en busca de expresión (Radigales, 2002: 32-33). En palabras de Adorno (2000: 30), la música “comparte con todas las artes el carácter enigmático, decir, algo que se entiende y que, sin embargo, no se entiende”. Como lenguaje, no hay que olvidar el factor retórico de la música, inherente al discurso que una partitura o una audición lleva en sí misma. Radigales estratifica la música según los conceptos tradicionales de la retórica de inventio, dispositio y elocutio:

 

ARTE

LENGUAJE RETÓRICA
Inspiración (idea) Morfología (formas) Inventio (modos, tonalidades)
Tekné (técnica) Sintaxis (armonía y contrapunto) Dispositio (estructura, forma musical)
Discurso (función social) Símbolo (significado y expresión) Elocutio (ejecución, interpretación)

Estratos de la música (Radigales, 2000: 34)

Como lenguaje, la música es un sistema de signos que expresan ideas, pero, además, tiene una función emotiva (tradicionalmente vinculada a la tonalidad), así como una función poética y estética propia de las artes. La música tiene una elevada capacidad de introspección y al mismo tiempo permite la interacción con los demás porque actúa sobre qué somos y quiénes somos (Radigales, 2000).

Stravinsky (2006: 164) remarca la dimensión espiritual con estas palabras: “Y es así como se nos aparece la música: como un elemento de comunión con el prójimo y con el Ser”.

Otra singularidad respecto a las artes plásticas es que la música permite distinguir dos momentos o estados: la música en potencia y la música en acción. Fijada en el papel o retenida en la memoria, la música preexiste a su ejecución, difiere en esto de todas las demás artes. Esta naturaleza particular ambivalente supone que haya dos clases de músicos: los creadores y los intérpretes. También, a diferencia del resto de las artes plásticas, en las que la obra terminada se presenta siempre idéntica a los ojos del público, la interpretación musical depende de muchos factores que no pueden ser previstos, “depende de la fidelidad y de la simpatía, sin las que la obra será unas veces desfigurada, otras inerte, y en todos los casos, traicionada” (Stravinsky, 2006: 147).

Con la tecnología digital, el espacio y el tiempo se han relativizado porque podemos acceder a la comunicación en cualquier lugar y en cualquier momento. A la música le ocurre algo similar, aunque no exacta, con la imaginación: “La música, patrimonio inmaterial e ingrávido, viaja ágilmente en el espacio y el tiempo, y en esta facilidad de movimiento reside buena parte de su poder para evocar otras épocas, otros países, otras realidades que ni siquiera hemos vivido, pero que nos parecen tan cercanas gracias, justamente, a la música” (Castillon, 2011).

Estas características singulares y las diferentes dimensiones de la música (subjetiva, estética, espiritual, poética, social, emotiva, abstracta, retórica, etc.) llevan a Gardner (2003) a afirmar que si conseguimos explicar la música, podemos encontrar la clave del pensamiento humano. Esta afirmación nos lleva a hacer el siguiente planteamiento inverso: si queremos desarrollar las potencialidades del pensamiento humano, debemos potenciar la educación musical. La educación integral de las personas y su competencia musical pasa por conocer y aprovechar el enorme potencial de la música en sus múltiples dimensiones.

 

Fuentes de información:

Adorno, T. W. (2000). Sobre la música. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica.

Castillon, X. (2011, 30 de agost). Entre Setcases i Lisboa. Diari El Punt Avui, 64.

Gardner (2004). Mentes flexibles. Barcelona: Espasa libros

Radigales, J. (2002). Sobre la música. Reflexions a l’entorn de la música i l’audiovisual. Barcelona: Trípodos.

Storr, A. (2002). La música y la mente. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica.

Stravinsky, I. (2013). Poética musical: en forma de seis lecciones. Barcelona: Acantilado.