La rapsodia de la prosodia

Este artículo se hubiera podido titular “La música del texto”, pero estas palabras no riman ni tienen la misma musicalidad, sonoridad y ritmo que las del título escogido. A continuación reflexiono justamente sobre este hecho: los elementos de la expresión oral y la comunicación vinculados a la música. También pretendo dar valor y enfatizar el ámbito de la comunicación verbal no escrita, teniendo en cuenta que la forma de expresión mayoritaria en la escuela en la era Gutenberg ha sido la palabra escrita: trabajamos y evaluamos aquello que es palpable, objetivo, el texto, mientras que las palabras “se las lleva el viento”.

“Durante siglos, la palabra escrita, la letra, fue cargándose de prestigio hasta identificarse con la cultura en mayúsculas y acontecer a los ojos de la sociedad la manifestación más excelsa del lenguaje. (Dolz y Schneuwly, 2006: 10).

Esta prevalencia de lo escrito frente a lo oral ha dejado de ser cierta en la era McLuhan, pues las fronteras se han difuminado gracias a la tecnología: decimos que hablamos con alguien cuando en realidad estamos escribiendo un mensaje de WhatsApp o nos es más fácil grabar la voz que escribir o transcribir lo que decimos. La comunicación actual utiliza múltiples recursos, canales, expresiones, herramientas, pero hay factores y recursos esenciales de la oralidad que no han variado, como son la musicalidad y el uso de la voz.

Por un lado, la música y la palabra crean muchas sinergias que se manifiestan claramente en la poesía o en la canción. También se pueden manifestar y potenciar en las habilidades discursivas de los maestros y alumnos, en definitiva, en la educación, donde la voz y la palabra son el canal predilecto de interacción vivencial. ¿Alguien se imagina a una maestra de educación infantil o primaria que no sepa explicar cuentos o cantar canciones?, ¿alguien se imagina un maestro que “explique las lecciones” o historias con un tono de voz monótono o excesivamente estridente? Una voz agradable, rica en matices, es capaz de cautivar al auditorio, impide que los oyentes desconecten.

Imatge disponible en: http://www.soymimarca.com/podemos-conectar-con-los-demas-a-traves-de-la-voz/

Por otro lado, el ejercicio de la oralidad desemboca siempre en una producción sonora (Dolz y Schneuwly (2006: 28) y, como tal, es susceptible de ser tratada como musical dado que la materia prima tanto de la palabra como de la música es el sonido, ya sea manifestado con fonemas o con notas musicales.

“No podemos considerar la oralidad como funcionamiento de la palabra sin la prosodia, es decir, la entonación, la acentuación y el ritmo; al tratarse los factores prosódicos de hechos sonoros, podemos analizarlos en términos cuantificables de altura, intensidad y duración. Como dimensiones fundamentales de toda producción oral, su dominio consciente adquiere una especial importancia cuando la voz está al servicio de los textos escritos” (Dolz y Schneuwly, 2006: 68).

Los vínculos y las interacciones entre la palabra, la música y la comunicación son múltiples. A continuación expongo algunos, de manera sintética:

  • El lenguaje musical (sonido) y el lenguaje corporal (gesto, cuerpo, movimiento) son anteriores a cualquier otro lenguaje. Cuando nacemos, no hablamos ningún idioma: nos expresamos con sonidos y gestos.
  • En el acto comunicativo estos dos lenguajes (sonoro y corporal) son más importantes que las propias palabras.
  • Las personas que dominan el lenguaje musical pueden adquirir  las bases de aprendizaje de cualquier lengua oral o idioma con mayor facilidad porque, en definitiva, las palabras son sonidos. La musicalidad, incluso, nos permite diferenciar las variantes dialectales de un mismo idioma: podemos distinguir claramente un andaluz de un gallego o un argentino, a pesar de que todos hablan en español.
  • La música es un lenguaje producido con sonidos, pero sin un significado concreto. En el lenguaje verbal, en cambio, los sonidos se ordenan de manera que formen un conjunto con significado y nos transmitan información.
  • La voz, la canción, es el único instrumento y medio que puede unir el sonido musical con el significado de la palabra.
  • Las palabras están formadas por vocales y consonantes. Las consonantes nos proporcionan el ritmo y las vocales, la entonación. Juntas forman la melodía de la canción.
  • El ritmo de cada palabra viene dado por la acentuación y la alternancia de sílabas tónicas y átonas. Las palabras llanas y agudas son la base de la pulsación con subdivisión binaria, propia de los compases simples, mientras que las esdrújulas (y otras combinaciones) tienen la semilla ternaria propia de los compases compuestos.

 

Clasificación

 

Llana

 

Aguda

 

Esdrújula

Palabra

 

Ca-

sa

 

Pas –

tel

 

Mú –

si –

ca

Intensidad / acento

 

f

d

 

d

f

 

f

d

d

Comienzo / final

 

T

F

 

AN

M

 

T

F

Intensidad: f = fuerte, d = débil, según sea sílaba tónica o átona, respectivamente.

Comienzo: tético (T), acéfalo (AC) o anacrúsico (AN), según si el acento principal se produce al empezar, antes o después, respectivamente.

Final masculino (M) o femenino (F), según si el acento coincide o no con el final.

  • Las palabras de más de tres sílabas contienen un acento principal y uno o varios secundarios, como ocurre en los compases, donde la sílaba tónica tiene que coincidir con el primer tiempo de cualquier compás, mientras que el segundo tiempo siempre es de acentuación débil y el tercero es medio fuerte o débil, dependiendo de si es cuaternario o ternario.

 

Cho-

co-

la –

te

mf

d

f

d


  • La poesía es texto expresado en términos musicales: tiene rima, ritmo, entonación y estructura.
  • Para juntar música y letra en una canción hay que hacer coincidir el carácter, el ritmo de las palabras y el ritmo musical.
  • La relación entre la música y el texto se puede observar desde los dos ángulos:

Desde la música, el texto puede servir para concretar y ampliar el mensaje.

Desde el texto, la música puede servir de vehículo para darlo a conocer y para potenciar el sentido.

  • Aunque la música no cantada no utilice palabras que están vinculadas a conceptos concretos, no impide que pueda transmitir ideas, conceptos y emociones.
  • La música estimula el sentimiento y la imaginación; por eso, las mismas palabras al ser cantadas suenan con mayor emoción.

A continuación expongo algunos ejemplos de obras en las que queda patente, de manera evidente, la estrecha vinculación entre el texto y la música, la comunicación y la emoción:

  • El coro final de la 9.ª sinfonía de Beethoven, referente universal, un canto de joya y paz gracias al mensaje del poema de Schiller y gracias a la simplicidad melódica y carácter triunfante de la música de Beethoven. Todo ello sin necesidad de entender la letra en alemán.
  • Las canciones de protesta, los espirituales negros, las canciones de amor… El protagonista es el texto pero, con el apoyo de la música, estas palabras producen un impacto emocional más acusado y se difunde con mayor facilidad.
  • Las canciones están estrechamente vinculadas a la emoción y, por eso, recordamos hitos esenciales de nuestra vida a los que la música otorga sentido de pertenencia a una generación y a un entorno. La banda sonora de nuestra juventud o la música que vinculamos a hechos trascendentes de nuestra vida se mantiene fija en la memoria: los abuelos o los jóvenes quieren bailar la música y recuerdan o cantan las canciones “de su tiempo”. De manera parecida, cuando viajamos a las antípodas, nos emociona escuchar música “nuestra”: un “Cant de la senyera” o un “Boig per tu” no son iguales si los escuchamos y cantamos en Australia o en Cataluña.
  • La unión de la música y el texto nos aporta información y contexto de una época, una cultura, un lugar, un estilo y de entornos muy diferentes. Un canto gregoriano o un rap nos transportan, además de a mil  años de distancia, a un monasterio o a una discoteca, respectivamente. Por eso, la música permite viajar virtualmente por el espacio y el tiempo.
  • En la ópera, la música, en perfecta comunión con el texto, participa del argumento y contribuye a describir los estados de ánimo y los sentimientos de los protagonistas.

En cuanto a los principales elementos musicales que inciden en esta relación entre música, expresión oral y comunicación, destaco los siguientes:

El ritmo es el elemento de la música que captamos de manera más instintiva. Nos produce un efecto directo e inmediato, quizás porque el ritmo también está en la naturaleza. Muchos de los fenómenos naturales son cíclicos, se repiten periódicamente y tienen puntos culminantes y momentos de reposo. Así hablamos del ritmo de las estaciones, del ritmo del día y la noche, del ritmo de las mareas…

También nuestro cuerpo se manifiesta rítmicamente: un montón de movimientos corporales están relacionados con los ritmos básicos: el latido del corazón, la circulación de la sangre, pedalear, andar, hablar, comportan una ordenación del tiempo y, por lo tanto, un ritmo. No es de extrañar, por lo tanto, que al escuchar un ritmo musical, nuestro cuerpo reaccione inmediatamente, a veces de manera imperceptible y, a veces, de manera más visible: inconscientemente movemos los pies o las manos o nos ponemos a bailar.  Así pues, podríamos decir que el ritmo es el elemento de la música que mide la duración de los sonidos y de los silencios.

Los elementos rítmicos más importantes relacionados con la expresión oral serían la duración de los sonidos, la velocidad (y con ellos los ritardando y accelerando), el tempo, los acentos, y uno de los más importantes de todos: los silencios.

La entonación de las palabras es clave para darles vida, para hacer que la expresión tenga interés. A menudo nos acomodamos en una entonación y no exploramos todos los registros sonoros a nuestro alcance. Una buena técnica vocal y/o cantar en una coral puede mejorar mucho este aspecto. También es importante constatar que una entonación monótona fomenta la desconexión de quienes escuchan. Una entonación aguda y estridente nos pone nerviosos y puede resultar insoportable. Una voz muy colocada y con riqueza de matices y entonaciones fomenta la atención del auditorio.

Los elementos musicales de entonación relacionados con la expresión oral son la altura, el tono, el ámbito, la tesitura…

Dinámica. De manera parecida a la entonación, la intensidad tiene que proporcionar un volumen sonoro adecuado adaptado al contenido para poder captar el mensaje. Otra vez, podemos caer en la monotonía o bien podemos intentar jugar con los contrastes y matices que proporcionan un buen discurso. Como ejemplo de expresión oral, en una retransmisión radiofónica de un partido de fútbol no se utiliza el mismo tono de voz, velocidad o intensidad cuando la pelota está lejos de portería que cuando se genera una situación de peligro o se marca gol. La intensidad y la velocidad son aspectos clave. Así, por ejemplo, podemos ir in crescendo o diminuendo, podemos hablar flojo (piano), normal (mezzo forte) o fuerte (forte).

Timbre. Cada persona, cada instrumento musical, cada material tiene un sonido característico que lo distingue del resto. Es como un carné de identidad o huella digital, una sonoridad única e intransferible. ¿Alguien se imagina un Homer Simpson o Woody Allen con otro timbre de voz diferente al que estamos acostumbrados?

Jugar con la sonoridad de las palabras en las poesías permite conseguir la rima cuando obtenemos terminaciones iguales, por el hecho de coincidir todos los sonidos (rima consonante), o semejantes, por el hecho de coincidir solo las vocales (rima asonante).

Estructura. La manera como organizamos el discurso también afecta a la comunicación. Tener clara la estructura representa lo mismo que para un arquitecto tener un buen plano de un edificio. Hay que saber establecer unos criterios, ordenar las ideas, hacer que surjan en el momento adecuado. Algunos aspectos estructurales del discurso musical u oral son el motivo conductor, la frase, la forma, la textura (la manera de acompañar el discurso). Un aspecto importante en relación con la expresión son las cadencias (los puntos de reposo) y su relación con los signos de puntuación del lenguaje escrito y oral. De este modo, podemos distinguir: cadencia suspensiva: equivalente a coma o interrogante, denominada musicalmente semicadencia o bien al signo de dos puntos, equivalente a la cadencia rota, cadencia conclusiva: el punto y seguido o punto y final, equivalentes a la cadencia auténtica musical, o la cadencia plagal equivalente al signo de admiración (Guallar, 1996).

La expresión viene dada por la emoción y el carácter que ponemos en nuestra interpretación o discurso. Sin emoción, sin pasión, no hay buena comunicación ni educación. Una persona inexpresiva y apática difícilmente contagie pasión por el conocimiento o por la música. La expresión está vinculada a la emoción, al carácter, y se manifiesta con todas las características y los recursos de la expresión oral antes mencionados, sumados a los recursos de la expresión corporal, como son el gesto, la respiración, la mirada. Acompañar las palabras y los sueños con el gesto y el movimiento del cuerpo es fundamental para la comunicación. El cuerpo habla, dice mucho más de nosotros que nuestras palabras. Si, además, somos capaces de acompañar la voz con gestos convincentes, el mensaje es mucho más rotundo y contundente. El movimiento es vida, y musicalmente, se puede manifestar junto con la danza. El teatro es una forma inmejorable para trabajar todos los tipos de expresión.

La improvisación es la creación y comunicación espontánea. La finalidad de la expresión oral o musical es la capacidad de improvisación comunicativa y expresiva con sentido y coherencia. No se puede decir que se domina un lenguaje, sea música o sea idioma, si no se es capaz de improvisar con él en cualquier circunstancia o contexto.

En conclusión, el trabajo de la prosodia en la educación tiene que permitir una mejora de las habilidades comunicativas. Una buena expresión oral capta la atención e incide directamente en la conexión del discurso entre el emisor y el receptor, el profesor y los alumnos, el conferenciante y el público, y facilita las interacciones ricas en matices.

En el anexo encontraréis cincuenta maneras de trabajar la expresión oral a partir de juegos musicales.

En definitiva, en la educación (¡y en la vida!) hay que hacer una rapsodia de la prosodia, jugar con la música de las palabras si no queremos caer en la monotonía de la monodia.

Antoni Miralpeix

Área de Música de la Facultad de Psicología, Ciencias de la Educación y del Deporte Blanquerna (URL)

Bibliografía

Dolz y Schneuwly (2006). Per a un ensenyament de l’oral. Iniciació als gèneres formals a l’escola (Joan Verdegal, trad.). Valencia, Barcelona: Institut interuniversitari de filologia Valenciana y Publicacions de l’Abadia de Montserrat (Obra original publicada en 1998).

Guallar, J. (1996). Introducció a l’harmonia. Barcelona: Dinsic.

Anexo: Cincuenta maneras de trabajar la expresión oral a partir de juegos musicales, <goo.gl/1ibk76>.