NOTAS DE UNA MAESTRA DE ESCUELA PARTICULAR

 

La historia educativa del siglo XX en nuestro país, a menudo se explica desde aquellas escuelas o instituciones más representativas, más innovadoras que se encontraban en las capitales de provincia o en ciudades económicamente relevantes; pero lo cierto es que eran una pequeña parte de todas las que había en todo el territorio.

La mayoría de los colegios, quizás no tan modernos ni innovadores, educaban como podían a miles de niños quedando al margen de la escolarización, según el contexto, hasta el 50% en algunas poblaciones.

No toda Cataluña tenía la misma distribución social o económica, en las zonas de industrialización textil, como la del Maresme, los niños y niñas empezaban muy pronto a trabajar ya inicios de siglo XX, aunque la ley educativa preveía una educación primaria obligatoria, no había los recursos suficientes, ni la conciencia para poder llegar a la escolarización plena.

Amat (1994), escribe que los progresos económicos no vinieron nunca por la preparación, sino por coyunturas temporales aprovechadas. «En cuestiones de pedagogía e instrucción, Calella, de hecho ha sido proscrita. La enseñanza primaria, que es la base de la futura vocación y formación del individuo, en Calella nunca ha prosperado, y si algún maestro ha pasado por nuestras escuelas, hacia el que se ha formado por los alumnos un ambiente de franca simpatía, se ha visto forzado a abandonar la población y su apostolado pedagógico, perseguido y vejado «. [ Cf “Front” (quinzenal) números 7-8 i 9 (maig, juny 1934) referenciat en el llibre de Jordi Amat (1994)]

Algunas pequeñas ciudades como Calella, iniciaron su industria textil casi en el siglo XVIII hasta bien entrado el siglo XX. Las numerosas industrias que se instalaron hicieron que otros sectores económicos como la pesca o la agricultura disminuyeran. Las grandes fábricas empleaban a miles obreros que venían de diferentes partes del territorio originando problemas de vivienda y educación entre otros.

A lo largo del siglo XX, el sector se vio condicionado por los diferentes conflictos bélicos externos (las dos guerras mundiales) y la guerra civil española, las variaciones en los ciclos económicos hicieron entrar al sector en una grave crisis hasta casi desaparecer en la actualidad.

A inicio del siglo XX, en general en toda Cataluña, había falta de plazas escolares y de maestros. En 1937, se crea el Certificado de Aptitud para que personas sin titulación ejercieran la enseñanza. Se pasaba una prueba de cultura general, una de pedagógica a más de un año entero de prácticas acompañando un maestro propietario (Amat, 1999).

No sabemos si este fue el caso de nuestra maestra ya que tenemos pocos datos de su formación y su biografía, eso si, se la consideraba maestra.

Cuentan los historiadores locales que Delfina Dolz, vino a hacer una sustitución en la escuela pública durante un tiempo y luego se quedó a la población, ejerciendo de profesora particular.

Su escuela fue conocida por la escuela de Doña Delfina, pero constaba con el nombre de Escuela María Auxiliadora.

Hay muy pocos datos de esta escuela en los archivos municipales, sólo se conserva lo que nos pueden explicar algunas de sus alumnos que hoy están más allá de los 70 o 80 años y tienen recuerdos también particulares. Se ve que se abrió poco antes de la guerra civil y siguió hasta entrados los años 50.

Durante la guerra, estuvo abierta junto a otras escuelas como: el Grupo escolar «Ferrer Guardia», el Grupo escolar de la Carretera, el Grupo escolar «los Pinos», la escuela «Humanidad Nueva», la escuela Fagella ( particular) y una Casa Cuna.

Estos edificios eran insuficientes para cubrir las necesidades de un censo escolar, calculado para 1937 2.047 educandos hasta 15 años, y tan sólo se podía atender a 1.000 alumnos

La escuela María Auxiliadora, como escuela particular, hacía las clases en un piso o casa. Tuvo diferentes emplazamientos dentro de la ciudad hasta que se quedó definitivamente en la calle st. Pedro 36.

Era escuela de niñas, tenía de 80 a 100 alumnos y trabajaban dos educadoras, una por la clase de las grandes Delfina Dolz y otra para las niñas pequeñas Teresina Dolz (ayudante).

Nos pusimos en contacto con dos de sus alumnos que nos comentaron que estaba situada en una planta baja. En la entrada había una sala grande con el suelo enlucido de cemento donde estaba la clase de las chicas grandes. «Teníamos pupitres ya menudo nos sentábamos tres, estábamos un poco estrechas, la del medio solía ser la más pequeña, usábamos la plumilla. La libreta era muy valiosa para nosotros «. Las alumnos grandes enseñaban a las más pequeñas del grupo, las chicas aventajadas ayudaban a la maestra como soporte.

Las niñas pequeñas solían estar en la cocina con la señorita Teresina, se pedía que se llevaran su silla de enea de casa.

Para ir al patio, pasaban por el comedor hasta llegar fuera.

Las alumnos eran de familias que trabajaban en las fábricas, el calendario escolar se adaptaba a sus necesidades y las vacaciones de los padres, algunos sólo tenían 8 días de vacaciones. Una de las alumnas, Teresa Bertomeu, nos dice que le parece que la escuela nunca cerraba.

La titulación terminó siendo oficial. Teresa nos enseña uno de sus boletines del curso 54-55 y vemos que se impartía materias instrumentales (lectura, escritura, dibujo, cálculo); materias formativas (religión, geografía e historia, lengua, matemáticas, formación del Espírito nacional, educación física); materias complementarias (ciencias naturales, trabajos manuales, formación para el hogar). Evaluaban también los hábitos (deberes, conducta, puntualidad, higiene) y se anotaban las faltas de asistencia. Había tres evaluaciones y una valoración final.

Según nos cuenta Teresa y consta en algunas referencias de historiadores locales, Doña Delfina, estaba comprometida con el catalán hasta que un día las alumnas vieron entrar un señor muy serio que exigió que todo se hiciera en castellano, la maestra estaba muy tensa, enojada, pero tuvo que ceder.

Ellas vivieron la escolaridad de manera flexible, valoran lo que aprendieron y los sacrificios que aquellas dos mujeres educadoras hacían para las familias y las alumnos.

Ahora ya muy grandes las que pueden todavía se van encontrando como ex alumnos de la escuela de Doña Delfina. Esta es un poco de la historia de una escuela que no sabemos si incorporaba innovaciones de la escuela nueva, para que las alumnas no lo saben identificar, una historia que si no se vuelve a escribir quedará olvidada.

Bibliografia: 

Amat, J.(1994). República i guerra civil a Calella. 1931-1939. Barcelona. Caixa d’estalvis Laietana. 

Agàpito,J. (1989). Ser infant abans d’ara. Temes d’infància. Barcelona. A.A.P.S.A.ROSA SENSAT.

Agàpito,J. (1992). L’Escola Nova Catalana.1900-1939. Capellades. Editorial Eumo.