¿Qué es el arte para mí?

Rafael Guerrero Céspedes (Perú, 1980) vive y trabaja en Copenhague. Se licenció en Bellas Artes en la Universidad de Barcelona (2011), tras estudiar Diseño Industrial en la PUCP (Pontificia Universidad Católica del Perú).

El concepto sobre arte lo he venido germinando, como si de un arbusto se tratase, en cada etapa de mi vida. Aún no estoy en una edad muy madura como para decir que el arte es total en mi vida, pero su complejidad puede distraerme siempre de la raíz de la cual se alimenta mi obra. Complejidad desde que decidí estudiar de manera formal lo que en un principio parecía un propósito nada más que empírico. Así, con diecisiete años, mi profesor de literatura de la escuela secundaria  me consultó qué era el arte. Al ver que era una respuesta de alumno a maestro, observé en mí cierta incomodidad comprometedora, ya que a esa edad temprana había ya decidido ponerme a estudiar las bellas artes. Mi respuesta fue honesta: el arte era algo que no entendía por completo pero que me gustaba hacer. Hasta hoy puedo decir que no me equivoqué, pero que el enfoque desde aquel entonces ha fugado hasta el punto de salir de mi mapa o de lo que yo al menos conocía. Quizás por eso, el arte para mí es obtener respuestas, ya que nunca las he tenido claras. La observación e  inteligencia que algún día fue tan primaria, como probar de recorrer un aeropuerto, visitar unas ruinas, intentar hablar otro idioma diferente al que me dio mi madre, abandonar lugares, habitar otros, pueden ser ahora una tesis acerca de la modernidad. Curiosamente, un poco de todo esto está presente en mi obra actual. El arte para mí puede ser un vehículo para empujar nuestra humanidad a través de los límites que solemos colocar, barreras en definitiva. Es un instrumento puramente humano, dado que ha sido “diseñado” como tal por y para nosotros. Históricamente podemos ver, en una gran línea de tiempo, cómo el arte se transforma y nos deja muestra de ello en diferentes lugares de nuestro planeta. Entonces, para mí, el arte es un juego de construcción, donde la variable forma y sentido es establecer contacto con la vida a lo largo de la historia. Lo bueno para mí es que sigo viendo muchas veces esta variable de una manera simple, desde los sueños de la niñez, por así decirlo. Me gusta creer que hay mucha democracia en el arte y que para ser artista basta con buscar alguna respuesta para resolver nuestros problemas o responder a nuestras cuestiones, con las que lidiamos a diario, a veces con humor, a veces con pasión, a veces sin mayor interés. Pero, en cada intento —de cualquier manera: sonido, golpe de tinta sobre el papel, color sobre algo, formar, deformar algo—, siempre estaremos creando algo y dándole respuestas a los problemas de la vida, un poco como explicando lo que, como yo aún, no puedo explicar del todo, pero que sé que me gusta hacer.

Rafael Guerrero,  Abandono Voluntario III,2015