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La conversación como recurso educativo en Educación Infantil

Partir de la conversación y de la experiencia de los niños

(Artículo publicado en la revista Religión y escuela en abril de 2013)

 

La conversación es uno de los grandes pilares –no el único, está claro– del aula de educación infantil. La conversación es el espacio en que en y desde el lenguaje –vehiculado por el cuerpo, por la presencia, por el gesto y la expresión– el niño conoce, problematiza, piensa en el mundo y, sobre todo, su lugar en el mundo en diálogo con los otros y ante un adulto de referencia –el maestro. Por eso, la conversación es el espacio privilegiado para hacer aflorar la experiencia de los niños y las niñas; sus intereses, sus preocupaciones, sus preguntas. Un espacio de significados en el cual el maestro estirará hilos, acompañará argumentos, destacará buenas preguntas, unirá aportaciones, resumirá, interpelará, preguntará, explicará… El buen maestro sabe construir una buena narración de aprendizaje partiendo de las aportaciones tan personales y genuinas de los niños y las niñas en la conversación.

Si entendemos la religión en un sentido profundo y amplio nos daremos cuenta de que es relativamente fácil que en los diálogos de los niños afloren temáticas y preguntas que nos remitan a la religión –a pesar de que surjan de una aprehensión de la realidad globalizada propia de la niñez. Tanto las preguntas más antropológicas sobre la muerte, el amor, el perdón, la soledad, la solidaridad, el origen de la vida… como las preguntas más culturales sobre la vida y el tiempo de Jesús, sobre aspectos de nuestra vida y nuestro entorno que tienen que ver con la religión –las fiestas, las iglesias, los rituales…– pueden ser relativamente recurrentes en una conversación de niños en el aula si hay un clima y un sustrato experiencial que lo propicie. ¿Qué sentido tiene que no atendamos estas inquietudes cuando surgen y que después abramos las páginas de un libro de texto o entreguemos una ficha para motivar algún aprendizaje sobre el ámbito religioso? O peor, ¿qué oportunidad magnífica nos perdemos de hacer un aprendizaje verdaderamente significativo si no creamos los espacios de conversación –de construcción de conocimiento y de forja de la identidad personal– en el aula?

Vale la pena que los maestros de educación infantil estén preparados para saber acompañar estratégicamente las sesiones de conversación abierta –más allá de fórmulas de encuentro o de «buenos días» más prefijadas y estandarizadas– para que acontezcan situaciones de aprendizaje valioso y profundo en todos los ámbitos y, también, en el religioso.

El trabajo del ámbito religioso desde la conversación en educación infantil puede parecer asistemático y poco planificado; puede dar un cierto miedo por la apertura y por la imprevisibilidad que supone. Pero si se hace bien, puede resultar mucho más coherente y ambicioso que otros planteamientos. Debemos recordar que lo más importante no es que aquello que aprende el niño sea sistemático y ordenado desde la perspectiva del adulto, sino que sea significativo desde la visión del niño; ya llegará a acontecer ordenado, coherente… En esta etapa infantil, no se trata de transmitir una versión y visión coherente y completa –aunque sea adecuada a la edad–, se trata de acompañar una inquietud, un deseo de comprender, una apertura al trascendente presente en la vida y en la cultura humana. La enseñanza de la religión en educación infantil tiene que ir orientada a alimentar una inquietud y un deseo más que a pretender saciarlo apresuradamente corriendo el peligro de apagarlo. Porque como afirma Lluís Duch, «la pregunta religiosa es la señal evidente de la insuprimible cuestionabilidad del hombre, que osa plantear aquellas cuestiones que se relacionan con los orígenes y con el término del trayecto humano».[1]

 

¿Qué preguntas? Posibles ejes temáticos

Hay una serie de ámbitos presentes en la vida de los niños que pueden conducirnos al afloramiento de preguntas pertinentes e interesantes desde el punto de vista religioso y educativo. Desde estos ejes temáticos presentes en las conversaciones de los niños, un buen maestro de educación infantil puede trabajar todo el currículum del área de religión integrándolo, a la vez, con el de las otras áreas de conocimiento –tal como reclama el planteamiento necesariamente globalizador de la educación infantil.

Las fiestas del calendario son un primer bloque importante. Las conversaciones que se pueden generar en torno a la Navidad: el pesebre y sus personajes, la fiesta de los Reyes, los regalos, la carta, los familiares, la misa del gallo… Y lo mismo podríamos decir de la Semana Santa y de la Pascua: palmas y palmones, huevos… Hay todo un mundo de tradiciones, de anécdotas, de elementos simbólicos, que nos abren a tratar aspectos fundamentales de los valores cristianos, de la vida de Jesús y de la Iglesia. Siguiendo un itinerario muy inductivo que parte de pequeñas experiencias muy reales vinculadas a hechos, personas u objetos, podemos llegar a construir el conocimiento religioso.

 

Conversación en un aula de educación infantil al hilo del comentario de un niño que explica que ha montado el pesebre en casa:

Adrián: Este fin de semana he montado el pesebre.

Ismaila: ¿Qué es el pesebre?

Mireia: Es Jesús y su familia…

Adrián: Sí, y los tres Reyes le dieron regalos.

Javier: También hay un buey y una mula, ¡ah, y también un ángel!

Raquel: Ah sí, y pastores detrás la montaña.

Gema: A mí me parece que el más importante es el Niño Jesús, porque cuando voy a la iglesia siempre lo veo allí: mi yaya me dice que es Jesús.

Maite (maestra): Ah, ¿y porque creéis que es el más importante?

Gema: Porque está en todas las iglesias, además, el cura lee un libro muy grande que siempre habla de él, pero está muerto, eh…

Silvia: Hace mucho tiempo que está muerto.

Mar: Y hacía magia como Harry Potter pero sin varita.

Àlex: ¿Qué dices? Eso es mentira, sin varita no se puede hacer magia.

Gerardo: Hablaba mucho y tenía muchos amigos…

Maite (maestra): Ui, ¡sí que sabéis cosas!

Silvia: Poquitas.

Maite (maestra): ¿Cómo que poquitas?, ¿queréis saber más?

Saya: Yo no sé nada, en mi casa no hacemos pesebre.

Clara: Pues yo sí. Y pongo muchas lucecitas.

Adrián: Pues yo pongo una cueva.

Ismaila: ¿Y por qué viven en una cueva?

Maite (maestra): ¿Quién sabe por qué viven en una cueva? ¿Queréis saber cómo vivía Jesús? Pues lo podemos apuntar en el cartel «Cosas que no sabemos» (la maestra se levanta y anota en el cartel: ¿Cómo vivió Jesús?)

 

Los hechos personales o familiares también son un eje muy valioso: los aniversarios y los santos de los niños y las niñas, los nacimientos y las muertes en la familia –la vivencia, los rituales…–, incluso los momentos difíciles de enfermedad, de carencia…

 

Eulàlia Bosch nos narra una experiencia familiar en la que afloran las preguntas de los niños en torno a la muerte:

«El ambiente está enrarecido. Hace un par de semanas que ha muerto la madre, la abuela, y el conjunto de la familia vive entristecida la ausencia. Los niños han vuelto de la escuela y los mayores del trabajo. Pero siendo todo como siempre, todo resulta diferente. A los nietos no se les escapa esta diferencia, pero van haciendo sus cosas como si nada hubiera pasado, a pesar de que hacen menos ruido, responden con más rapidez cuando se les llama y parecen tener menos conflictos entre ellos. Al atardecer, mientras mi hermana hace la cena, su hija de tres años, que sentada a la mesa de la cocina se entretiene jugando con una muñeca de ropa, le pregunta: “¿Madre, cuando la abuela murió, tú le cerraste los ojos?” Ella, en medio del desconcierto, intenta responderle con una naturalidad parecida a la que advierte en la pregunta. “Yo no —dice despacio—, pero me imagino que alguien lo hizo.” “¿A todos los que se mueren, alguien les cierra los ojos? —continúa la niña. “Sí, —dice la madre— es una costumbre, una manera de hacer. Es como un último adiós.” “Pues yo —madre— no quiero que me cierren los ojos cuando me muera. Si lo hacen… ¿cómo podré encontrar a la abuela?».[2]

 

Las noticias de actualidad que a veces llegan a oídos de los niños y afloran en las conversaciones. En momentos en los que hay guerras, conflictos graves o atentados, las noticias pueden llegar a la escuela y salir en la conversación. Entonces aflora, aunque sea en la mentalidad de los niños, el malestar por el mal en el mundo y un delicado y profundo deseo de sentido.

El contacto con lugares o visitas: una iglesia visitada, un paraje, un viaje… La presencia del elemento religioso en nuestra arquitectura, en nuestro paisaje y en nuestras tradiciones es muy importante.

 

Conversación en un aula de educación infantil al hilo de una visita de un niño a la feria de Santa Llúcia (feria tradicional barcelonesa de temática navideña):

—¡Buenos días a todos! —dice la maestra.

—Buenos días

—¿Cómo ha ido el fin de semana? ¿Qué habéis hecho? —pregunta la maestra.

—Yo he ido a Berga a ver a mis abuelos.

—Yo fui al cine.

—Pues yo me he quedado en casa y jugué con la Wii.

—Yo también tengo la Wii.

—Y yo (muchos dicen lo mismo).

—¡Vaya! ¡Sí que hay niños que tienen la Wii! Pero ahora Marta nos iba a explicar qué hizo el fin de semana —dice la maestra.

—Sí. Yo fui a ver mi primita pequeña.

—Y yo fui a la feria de… de Santa Llúcia; me parece que se llama así.

—Sí, sí que se llama así. Y tú Pau, ¿qué has hecho este fin de semana?

—Yo también me he quedado en casa y vi The Polar Express.

(Todos los niños van explicando brevemente su fin de semana.)

—He oído que una niña ha ido a la feria de Santa Llúcia, ¿has sido tú, Claudia? —dice la maestra.

—Sí, fui con mis padres y Laura (su hermana mayor).

—Muy bien, ¿alguien más ha ido a la feria de Santa Llúcia?

—¡No! ¡Sí! (hay respuestas a la vez en los dos sentidos a pesar de que ganan las del no).

—¡Muy bien!, veo que hay niños que han ido, pero otros que no han ido. Escuchad, ¿me sabríais decir qué es la feria de Santa Llúcia? —dice la maestra.

 

Documentación de una maestra en un aula de P3 de educación infantil al hilo de una visita de un niño a la iglesia en motivo de una primera comunión:

Esta mañana, durante el rato de conversación, Arnau ha explicado a sus compañeros que ayer, domingo, asistió a la primera comunión de su hermano, Òscar, que hace tercero de primaria. Arnau, muy emocionado, nos explica que fue a la iglesia, donde había mucha gente en silencio, un señor con un vestido blanco que hablaba todo el rato y que le dio una galleta a Òscar. Explicaba también que había muchas velas encendidas y cruces.

Esta explicación despertó muchas inquietudes en el grupo:

Pau: Yo fui una vez a la iglesia y vi también a un hombre con un vestido blanco.

Laura: Pues si siempre está allá, será el dueño de la iglesia.

Marc: Sí, vive en la iglesia.

(La conversación siguió con otras aportaciones.)

A raíz de esta conversación en el aula, decidimos programar una visita a la iglesia del barrio para que los niños y las niñas tuvieran la oportunidad de observar detenidamente todo lo que hay, lo que sucede, el ambiente que se respira, etc. También creímos que era interesante hacer esta salida porque había muchos niños y niñas que no habían estado nunca en una iglesia y nos interesaba que pudieran tener un primer contacto.

 

Las preguntas sobre el origen del hombre y del mundo también surgen a menudo en las aulas de educación infantil y ya, desde muy pequeños, se pueden responder –adaptándonos a la mentalidad de los niños y las niñas y a su nivel madurativo– desde la ciencia y desde la religión de manera rica e integradora.

 

«Los niños vienen de los padres y los padres de los abuelos, pero… ¿y las montañas, de donde vienen las montañas?»[3]

(Un niño enseña en el aula la fotografía de sus padres el día que se casaron.)

—Yo aquí no salgo porque todavía no había nacido; estaba jugando con mi hermano en la barriga de mi madre.

— Antes de nacer estaba en la barriga de mamá pero, ¿antes de estar en la barriga de la mamá, dónde estaba?

 

La diversidad religiosa en el aula de educación infantil es, también, una realidad que permite el afloramiento de cuestiones referentes al pluralismo de religiones y de culturas. Ya desde educación infantil, los niños y niñas pueden conocer esta diversidad y respetarla: la diversidad de países de procedencia, de lenguas, de cultos, de costumbres que se manifiestan en las conversaciones abiertas supone una incipiente posibilidad de construcción de la identidad y del diálogo.

 

La enseñanza de la religión en un planteamiento educativo globalizado

Partir de la conversación para abordar la enseñanza de la religión en educación infantil supone enclavarse en un planteamiento globalizado. Cuando surge un tema en relación con Jesús, por ejemplo, la conversación puede llevarnos hacia la historia y el pasado, a los judíos, a los romanos, a la medida del tiempo y de los años, a los países que hay en el mar Mediterráneo –que es uno de nuestros mares–y también, claro está, a su mensaje, a su vida, al libro que explica cosas de Él, la Biblia, a la importancia que tiene en la vida de muchas personas…

Que los contenidos de religión se puedan trabajar en relación con la vida de los niños y las niñas y sus necesidades, y en relación con todo el resto de ámbitos y de realidades que el niño va descubriendo, es la mejor manera de dar centralidad y relevancia a la educación religiosa. Vale la pena no separar la dimensión religiosa de la experiencia de descubrimiento y de experimentación global que realiza el niño. A menudo, los temas que surgen en una conversación pueden llevar a un proyecto de trabajo, a la creación de un rincón temático en el aula, al planteamiento de una pequeña investigación… A continuación mostramos esta globalización a través del ejemplo de la documentación de una maestra de P5. En ella se narra cómo un grupo de niños y niñas hablando del mar Muerto –porque un niño explicó que unos familiares suyos habían ido– hicieron un pequeño proceso de investigación trayendo libros, un trozo de sal del mar Muerto… Y la conversación transitó desde la física –¿por qué se flota en el mar Muerto?– hasta la vida de Jesús o la guerra que actualmente hay entre Israel y Palestina. La documentación iba creciendo en la cartulina colgada en la pared y en la pequeña estantería en que se guardaban los libros y materiales sobre temáticas interesantes que iban surgiendo en las conversaciones, y que generaban pequeñas investigaciones. Y se habló de Jesús, de la flotación de los cuerpos, del itinerario que habría que seguir para llegar a Palestina –resiguiendo con el dedo el recorrido marítimo desde el puerto de Barcelona hasta Palestina–…

 

Fragmentos de la documentación de la maestra de un aula de P5:

Oriol nos habló del Mar Muerto y todos sabíamos algo:

—Te puedes bañar y flotas.

—Porque tiene mucha sal.

—Y no puede vivir ningún animal.

—Pero, ¿porque hay tanta sal en el mar Muerto?

Paula tenía una respuesta y Juan tenía otra:

—Porque hubo un remolino de sal.

—No. Yo lo sé. Porque un barco cargado con muchas monedas conservadas en sal se hundió y el molinillo de hacer sal todavía sigue haciendo sal. El barco salió de Barcelona.

Todos juntos decidimos investigarlo: ¿porque tiene tanta sal el mar Muerto?

Buscamos información y llegamos a unas cuantas conclusiones sobre por qué es tan salada el agua del mar Muerto. Lo fuimos apuntando en una cartulina que habíamos colgado en el rincón de las pequeñas investigaciones con el título de «mar Muerto.

Durante unos cuantos días, en el ratito de la reunión, las conversaciones estuvieron centradas en ello:

—¿Dónde está el mar Muerto: lejos o cerca?

Abrimos el mapa del mundo y buscamos España, el mar Mediterráneo, Israel y Jordania, y el mar Muerto. Con el dedo íbamos resiguiendo la distancia que hay entre el lugar donde nosotros vivimos y el mar Muerto.

—En estos países hay guerra, pero no guerra de cañones.

—Mis abuelos fueron al mar Muerto y me trajeron un trozo de sal.

Leímos el nombre de algunas ciudades en el mapa:

—Me parece que aquí vivía Jesús.

—Sí, yo vi en una película que iba con un carro con su novia y chocaban.

—¿Estás seguro de que era Jesús o era otra película? Jesús no tenía novia. (Maestra.)

—¿Cómo lo sabes?

—Porque hay un libro que explica muy bien todas las cosas que hizo Jesús: se llama Biblia. (Maestra.)

—Ah. Sí. Yo ya lo sé.

—Pero ¿ya está muerto, no?

—Sí, le clavaron unos clavos.

Y a partir de aquí hablamos de Jesús, de los romanos, del libro que explica historias de Jesús, la Biblia.

En este proceso, un día, Pau llegó con una caja que traía con mucho cuidado. Dentro de la caja, envuelto en una tela, había un trozo de sal del mar Muerto.

Al cabo de unos días, Jon traía un paquete de sal y un huevo. Su madre le había explicado un experimento que podíamos hacer para ver cómo flotan las cosas dentro del agua salada y un poco calentita.

 

La narración bíblica en los espacios de conversación en el aula de educación infantil

Los cuentos y las narraciones son protagonistas insustituibles de las conversaciones en corro en la educación infantil. Una conversación puede dirigirnos hacia un cuento –cuando un maestro tiene suficiente pericia para ir introduciendo cuentos que conectan con el momento profundo de los niños. También un cuento puede abrir la conversación y favorecer el diálogo; de hecho, siempre, si no se ahoga esta posibilidad, los cuentos traen procesos dialógicos: identificaciones, valoraciones, continuaciones, versiones, dramatizaciones…

La Biblia tendría que ser uno de los libros básicos –como las fábulas, algunos cuentos clásicos, algunas compilaciones poéticas– porque es uno de los libros centrales de nuestra cultura a la luz del cual los hombres y las mujeres se han preguntado, han rezado, han confiado, han pensado, han creado…

Una de las mejores garantías de un tratamiento adecuado de la religión en educación infantil es tener una buena Biblia infantil en el aula –con una buena selección y adaptación de los libros bíblicos- que se abre y se lee con naturalidad y reverencia: es un libro bonito e interesante como los demás que podemos tocar, leer, representar… pero también es un libro especial, un poco separado de los demás (tal como indica el sentido etimológico de la palabra sagrado: separado).

El niño podrá entrar en diálogo con el texto bíblico, sentir el latido singular de la palabra sagrada e incorporarla a su conversación, a su vida, a su tejido existencial de manera natural. Esto supone priorizar la relación del niño con el texto religioso –confiando en su gran capacidad de interpelación– y evitar el adoctrinamiento innecesario, ya que, como dice Vecchi, «lo religioso es eminentemente relacional, más que doctrinal».[4]

Aquí, la Biblia no será tratada con los métodos tradicionales de trabajo deductivo –que parten de las verdades, de las certezas, de las respuestas– sino que implicará un esquema de trabajo más inductivo –que nace de la experiencia, de las preguntas, de las concreciones, de la realidad más cercana al niño y del estado y el embate de su mundo interior. Es así como, tejiendo conversación y Biblia, podremos acercarnos a un aprendizaje experiencial que posibilite la correlación[5]entre la experiencia cristiana y la experiencia del niño.

 

 

Maria del Mar Esteve Ràfols y Mercè Cols Catasús

Profesoras del Área de Humanidades de los Estudios de Grado de Magisterio

Facultat de Psicologia, Ciències de l’Educació i de l’Esport Blanquerna

Universitat Ramon Llull

 

 

 

 

 

[1] DUCH, L. (1997). La educación y la crisis de la modernidad. Barcelona: Paidós, p. 115.

 

[2] BOSCH, E. (2003) Educació i vida quotidiana. Vic: EUMO, p. 77.

[3] BOSCH, E. (2003) Educació i vida quotidiana. Vic: EUMO, p. 118

 

[4] VECCHI, J. E. (1999). «Nuevos desafíos de la educación. Interpelaciones a la ERE», La enseñanza de la religión, una propuesta de vida. Madrid: PPC, p. 39.

 

[5]GEVAERT, J. (1993). «Partir de la experiencia. Principio de la correlación», Didáctica de la enseñanza de la religión. Madrid: Editorial CCS, p. 143-157.