“Talking Brains”, la gran sorpresa.

Jesús Canelo

Área de Didáctica de las Ciencias Experimentales y de las Ciencias Sociales

“Talking Brains” es una magnífica exposición científica, temporal y muy original, que invita a los visitantes de CosmoCaixa (Barcelona) a adentrarse en el cerebro humano para entender el lenguaje desde la ciencia; para comprender cómo la lingüística moderna actual responde a las preguntas tan interesantes formuladas desde el campo de la biología.

El pasado diciembre, los alumnos de segunda titulación del grado de Primaria visitamos la exposición y nos sorprendió gratamente. Fue una de las más visitadas del año pasado y obtuvo muy buenas valoraciones.

En esta exposición se planteaba un recorrido educativo por nuestro cerebro en busca del lenguaje de la mano de paleoantropólogos, neurólogos, psicólogos, neurolingüistas y especialistas en computación.

Se entraba escuchando diversas lenguas minoritarias del mundo; por ejemplo, conocíamos el caso de la única persona que actualmente habla tanema (islas Salomón), que, aunque se tienen grabaciones antiguas, seguro que como lengua viva ya está a punto de desaparecer. En 2011, un estudio de la Universidad de Oxford determinó que existían unas ciento sesenta lenguas en el mundo con tan solo diez hablantes o menos.

Un gran árbol de las lenguas mostraba esta riqueza de diversidad lingüística: en el mundo hay unas siete mil lenguas.

La exposición reforzaba la idea de que estas lenguas están arraigadas en nuestro “cerebro lingüístico”; configuran una red de conexiones que se entrelazan para generar mensajes, ya sean a través de medios orales o de signos. Conviene escuchar a Carme Junyent, lingüista de la UB y fundadora del GELA (Grupo de Estudio de Lenguas Amenazadas), en esta entrevista del programa Quèquicom de TV3 donde habla de esta diversidad lingüística.

Evolutivamente, el origen del lenguaje se sitúa en algún lugar de África durante la prehistoria. No se sabe si se desarrolló poco a poco o de manera repentina. Por sus representaciones simbólicas y comunicativas, se considera que los Homo Sapiens y los Homo Neanderthalensis ya utilizaban algún lenguaje para comunicarse. En el año 2009 los científicos descubrieron el gen que permitió crear el lenguaje.

Para desarrollar esta potente capacidad, el cerebro humano evoluciona a través de una red de conexiones llamada connectoma lingüístico, que está totalmente distribuida y no vinculada a un área concreta del cerebro. Esta capacidad de hablar da lugar a funciones lingüísticas específicas, como son el significado de las palabras, la articulación de los sonidos o la comprensión de la lectura. Es muy similar a la memoria o a la atención.

El lenguaje es propio de la especie humana. Para ser considerado como tal debe presentar unas características identificables. El lenguaje permite llegar a formas de pensamiento lógico, abstracto y simbólico que son inaccesibles para las otras especies animales. Los animales pueden tener algunas de estas características, pero no todas. Por eso, algunos pueden emitir sonidos y mensajes; pueden comunicarse (pájaros, ballenas, monos, etc.) pero no podemos considerar que hablen.

Nuestras particularidades individuales y colectivas proporcionan riqueza al lenguaje y a la vez permiten que esté en constante evolución.

Wolfram Hinzen, investigador ICREA en la UPF y en FIDMAG Hermanas Hospitalarias, es el comisiario de la exposición. Como nos comenta: “La mayor parte de nuestras actividades están vinculadas al lenguaje, la capacidad que proyecta nuestros pensamientos afuera”. Así, el cerebro lingüístico nos hace ser como somos y quienes somos.

De una forma expositiva muy experimental, innovadora y creativa, realizado por el equipo Indissoluble: The Exhibition Factory, aprendimos distintas cosas:

  • Que todos los niños siguen unas pautas de aprendizaje del lenguaje muy parecidas hasta dominarlo, independientemente de la lengua que hablen.
  • Que este aprendizaje ya empieza en el feto, cuando está en el útero de su madre. Entre latidos y sonidos filtrados del exterior, ya capta la voz de su madre. Desde el tercer trimestre, el cerebro auditivo ya responde a estos estímulos diferenciados.
  • Que las lenguas de signos científicamente se consideran lenguaje. Tienen los mismos rasgos y los niños aprenden siguiendo los mismos patrones. Incluso, en patologías del lenguaje, como el Alzheimer, se producen afectaciones similares tanto en hablantes como en signantes: a ambos individuos afectados no les viene a la mente, no recuerdan aquella palabra concreta, sea oral o con signos.
  • Que el cerebro opera de forma diferenciada si se es bilingüe o monolingüe. Ni mejor, ni peor, diferente. Esta diferencia está relacionada con la capacidad de recordar, de memorizar o de desarrollar ejercicios lógico-matemáticos y sensoriales en la propia exposición: los bilingües pueden cambiar de tareas con mayor facilidad; los monolingües, en cambio, son más rápidos a la hora de recuperar palabras.

En resumen, “Talking Brains” es una exposición muy interesante que nos ha situado en los actuales estudios de la neurobiología del lenguaje, y que deja un gran fondo documental para profundizar en estos temas y ampliar nuestros conocimientos.

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