Una experiencia de aula y cómo el lenguaje matemático nos ayuda a comprender el mundo

Área de matemáticas e integración de saberes

En el último artículo publicado en el Tribuna por nuestra área, en noviembre del 2017, compartimos la información del desarrollo de las “VII Jornadas de la cultura matemática de las personas”. Allí explicitamos las diferentes conferencias realizadas y señalamos que hubo 30 comunicaciones de experiencias de aula, esta vez nos interesa presentar una de ellas: “¿Los grillos, tienen sangre”. Esta narración fue construida a partir de la experiencia compartida por la maestra, María Rigol i Torrents y un grupo de alumnos de segundo curso de Primaria.
Desde el área queremos agradecer a María por compartir con nosotros esta experiencia tan bien documentada y darnos la posibilidad de hacerla pública. Estamos convencidos que narraciones como estas pueden enriquecer, sorprender y deleitar tanto a nuestros alumnos de grado, como a los maestros, profesores y lectores en general.

¿Los grillos, tienen sangre?

María Rigol i Torrents, 2º EP, Clase de “Las montañas”,  Escuela Bellaterra.

El inicio de curso es un gran momento donde entramos a un aula vacía, nueva para nosotros pero que tenemos que ir haciendo nuestra. Poco a poco descubrimos aquello que es nuevo, pero también reencontramos los compañeros y los espacios que ya nos son familiares. Uno de estos espacios es el patio y es aquí donde comienza nuestra historia. Se trata de un patio de arena, rodeado de árboles pero que también esconde viejos conocidos: los grillos.

Los niños y niñas de la clase enseguida recuerdan cómo escarbar la tierra para sacarlos de sus escondrijos y tenerlos en la clase. Pero, ¿cómo son? ¿Dónde viven? ¿Qué comen? Son algunas de las preguntas que nos surgen cuando nos planteamos tener grillos dentro del aula y que requieren buscar y organizar la información que encontramos para dar respuesta. Cuando tenemos la información nos ponemos a trabajar para crear un espacio adecuado y compartimos nuestros conocimientos con la clase de los cocineros, que también nos aportan nuevas informaciones que nos ayudan a seguir aprendiendo.

Parece que ya lo tenemos todo controlado, pero resulta que los grillos se nos escapan y se nos mueren. Buscamos información y nos damos cuenta que la relación entre machos y hembras es importante. Esto nos lleva a tomar decisiones y hacer cálculos sobre la cantidad de individuos de cada sexo que tenemos que poner para evitar el canibalismo. Pero para mejorar los terrarios tenemos que representar el espacio incorporando las mediad tomadas y adaptarnos a modelos de planos que nos son familiares. Así pues, nos es necesario diseñar y medir, tanto el espacio bidimensional en el caso de las tapas que evitan que se escapen, como enfrentarnos al reto de comprender el tridimensional a la hora de hacer una barrera que separe machos y hembras.

Ya tenemos los terrarios hechos, bien tapados y teniendo en cuenta todas las variables que conocemos, pero así y todo se siguen muriendo. ¿Y si hay algo que no vemos que los afecta? En este momento es donde pedimos ayuda a la madre del Martí que está especializada en microorganismos y nos damos cuenta de las primeras conexiones entre los grillos y nosotros: la sangre. ¿Ellos tienes? ¿y nosotros? ¿Cómo son los grillos por dentro? ¿y nosotros? Otra vez nos aparecen nuevos interrogantes que nos hacen seguir investigando. Tenemos la necesidad de buscar información para saber qué es la sangre, de que está hecha y sobretodo que hay dentro. Descubrimos que está formada por células sanguíneas y que cada una tiene una forma y una función diferente. Eso nos empuja a crear modelos para hacer visible aquello todo y formar parte de nosotros, es tan pequeño que no lo vemos.

Ya sabemos cómo es la sangre, pero también nos preguntamos cuánta tenemos, utilizamos diferentes botellas para darnos cuenta de qué significan 5 litros, calculamos la sangre que tenemos entre todos y vuelven a venir interrogantes sobre el corazón. Sabemos que es el encargado de mover la sangre por todo el cuerpo, pero queremos saber más. Es por este motivo, que hacemos predicciones sobre cómo son, recogemos datos sobre la velocidad de los latidos de nuestro corazón, hacemos cálculos sobre que bombea en un minuto, en una hora, en un día… Y de nuevo aparece la necesidad de crearnos un modelo de corazón para poder relacionar su forma con su función, para entender cómo funciona y porque es cómo es, pero sobretodo necesitamos ver cómo es.

Pero llegados a este punto, nos pensamos que la sangre lo hace todo y es aquí donde pedimos ayuda a la madre de la Carla. Ella estudió psicología y estamos convencidos que nos puede dar una mano. El día que viene nos explica las diferentes partes del cerebro y sus funciones, relacionándolo con el cerebro de otros animales. Para entender mejor su estructura y funcionamiento, nos trae un cerebro de ternera permitiéndonos observar y analizar con más facilidad todo lo que nos ha explicado y hemos ido encontrando en los libros. Gracias a tenerlo tan cerca, vemos la importancia del cráneo, y por ello decidimos hacer una maqueta de los nuestros. Pero para hacerlo nos es necesario comprender los atributos medibles de los objetos y los procesos de medida. Tomamos medidas de nuestros cráneos y nos damos cuenta de la relación entre cráneo y cerebro, entre capacidad y volumen.

En este camino también hemos descubierto la forma y la función de las neuronas y su papel crucial en el funcionamiento no sólo del cerebro, sinó también de todo nuestro cuerpo.

Estamos tan orgullosos de lo que hemos aprendido que a final de curso lo queremos explicar a nuestras familias. Utilizamos los modelos que hemos ido construyendo durante todo el proceso y también algunos modelos nuevos para mostrar como todo lo que hemos ido investigando y descubriendo desde que los grillos entraron a formar parte de nuestra aula. Todo está relacionado y nos ha ayudado a comprender aquello que sabemos que existe pero que no podemos ver.

“Los animales superiores, advirtió Malpighi, rodeados por sus propias sombras, permanecen en la oscuridad; por eso es necesario estudiarlos a través de analogías con animales más simples”
(D.J. Boorstin, 1986, p.372)